amor electrodoméstico

Su mujer apretó aquel botón del friegaplatos, ese botón que no había presionado nunca. No había levantado el dedo cuando L. M. apagó la televisión, se levantó de la butaca, se acercó a la cocina y la besó. No volvió a pulsarlo jamás.

7 comentarios to “amor electrodoméstico”

  1. antonio Says:

    ¿Habrá una parte oculta y recóndita del cuerpo de L.M. que si la presionas se pone en marcha el friegaplatos?

  2. Gabriel Ramírez Says:

    El truco es pulsar y soltar muy rápido el botón. L.M., falto de reflejos como todo el mundo sabe, no sabrá qué hacer y seguirá mirando el vídeo sobre bioética universal.

  3. almu Says:

    qué buenos comentarios!

  4. Luis Says:

    Es que Antonio y Gabriel son dos lectores cojonudos. Ambos escritores, además.

  5. An Says:

    Algunas acciones suelen tener tragicas consecuencias. Saúdos e apertas XD

  6. Señorita Puri Says:

    De pequeña me dijeron que las mujeres teníamos 1 botoncito que hacía maravillas, pero después de leer tu relato me he quedado un poco despistada con tanto botón que hace y deshace todo tipo de funciones milagrosas

    Creo que iré a visitar a mi ginecólogo.

  7. daniel sanchez Says:

    Acabo de llegar aqui por casualidad, me gustaron tus textos, sobre todo este último.

    Si ademas de escritor de microrrelatos eres también lector, ya sabes…

    saludos.

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