Archive for January, 2009

cachete

Wednesday, January 28th, 2009

Una mañana, L. M. se acercó a la maternidad donde había nacido. Quería conocer al médico que asistió su parto. Entró y se acercó al mostrador: preguntó por el ginecólogo que trataba a su madre. La sonrisa de la recepcionista le pidió que, por favor, tomara asiento en la sala de espera. Nueve meses más tarde, apareció en la salita un señor canoso con bata blanca. Quien sin mediar palabra le volvió a sacudir otro guantazo.

libertad económica

Monday, January 26th, 2009

En aras de profundizar en las virtudes del libre mercado y la sana competencia, L. M. ideó un esquema para instaurarlas en la función pública. Así, decidió concurrir a las elecciones con un programa basado en la liberalización del Estado. Cualquiera podría montar otro Ministerio de Fomento, por ejemplo. ¿O es que acaso otro Consejo de Ministros no acicatearía al primero? L. M. ganó las elecciones; pero el otro presidente tuvo más éxito.

lectura

Thursday, January 22nd, 2009

Bajo el epígrafe “Biografías” de la biblioteca pública, L. M. descubrió un libro que llevaba su nombre en la solapa. Lo abrió y comenzó a leer. Que si había nacido donde él había nacido, que si había viajado a los países que él había visitado, que si había conocido a las mujeres que él había besado. Cuando llegó al capítulo que describe el día que encuentra su biografía en una biblioteca pública, cerró el libro y lo devolvió al estante.

mapa

Tuesday, January 20th, 2009

L. M. tiene una mancha en la frente. Una mancha con la forma de su ciudad. Todas las mañanas, mientras se afeita frente al espejo, imagina que si se acerca lo suficiente, podría llegar a ver su calle, incluso su casa. Y que si tuviera un espejo de aumento, quizá podría verse a sí mismo enjabonarse la cara. Entonces se pregunta qué pensaría él si una mañana viera su mismo ojo, gigante, mirándole mientras se afeita.

cadena trófica

Sunday, January 18th, 2009

Iba L. M. más concentrado en el paisaje desértico que en en el volante cuando algo explotó contra el capó. Un camarón yacía espachurrado contra la chapa. No había salido aún del coche, cuando escuchó otro golpe. Un lenguado se había lanzado sobre el artrópodo. Ya fuera, sonó otro impacto. Un pulpo devoraba al pez. Y otro. Un león de mar engullía al cefalópodo. Y aún otro. Una orca lanzaba dentelladas al mamífero. En ese momento L. M. echó a correr antes de que cayera el barco ballenero japonés.

satisfacción

Thursday, January 15th, 2009

Postrado en su lecho de muerte, L. M. recibió la visita del capellán. Este le preguntó, cursi, si ahora que la vela se apagaba, quería decir algo. Y el moribundo respondió que sí, que tenía algo que decir. Que después de lo completa que había sido su vida, plena de aventuras, correrías, amor y filosofía, esperaba que no hubiera nada más después de la muerte: las posibilidades de volver a vivir una vida así eran ínfimas.

simetría

Tuesday, January 13th, 2009

En cuanto L. M. se miró en el espejo, reparó en él: un forúnculo grisáceo coronaba su nariz. Un grano que pedía ser explotado. Primero lo palpó, tentativo, y, tras unos segundos, lo pellizcó con saña. Mientras la base se aplanaba entre sus uñas, la cima se abrió. Surgió un breve hilo rojo, sangre; y tras ella, una masa blanca, informe. Una masa que crecía a medida que él apretaba, a medida que él desaparecía.

cortejo

Wednesday, January 7th, 2009

Un mediodía el padre puso cinco servicios en la mesa. A pesar de ser cuatro de familia. Por la tarde preparó cinco bocadillos y se fueron al cine: pagó cinco entradas. En la sala compró cinco refrescos y cinco vasos de palomitas, sin mantequilla. De vuelta, puso cinco platos para la cena. Esa misma noche, ya en la cama junto a su mujer, pregunto cuántos eran en la casa. Esa misma noche fue concebido L. M.

discurso

Monday, January 5th, 2009

Tenía tanto miedo a dar la ponencia que hasta el micrófono del estrado le resultaba amenazador. Como una cobra dispuesta a saltar a su yugular. Pero empezó a hablar y palabra tras notaba que su miedo amainaba. Cuando vio que la cobra, domada, bailaba al son de su voz, supo que la conferencia iba por buen camino…

escondite

Friday, January 2nd, 2009

Sin saber si aún le seguía, empujó el portón del portal y echó el cerrojo. Corrió hasta el ascensor. Estaba ocupado. Subió escaleras arriba, los peldaños de tres en tres. Antes de llegar a su piso ya había sacado la llave de su casa. Abrió la puerta. Entró. La cerró sin mirar atrás. Echó todos los pestillos. Comprobó que las ventanas estaban cerradas. Bajó las persianas. Corrió hasta su cuarto. Cerró la puerta de una patada. Buscó el armario. Se metió dentro. Lo cerró. Se agachó. Metió la cabeza entre las piernas y se cubrió el rostro. Pero aunque cerró los ojos con todas sus fuerzas, L. M. todavía estaba allí.


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