L. M. despierta y besa a su mujer. “Buenos días”, contesta ella, “el gobierno da marcha atrás en su programa de reformas”. Coño, no es su voz, es la de Matías Prats, hijo. “El presunto violador ha dejado el tribunal con actitud desafiante”. Aterrorizado, se pellizca; nada. Llama al médico, nada. Y cuando por fin piensa una solución, el mando a distancia, ella va y dice: “El Real Madrid prepara su asalto al liderato”. Y decide esperar dos minutos antes de cambiar de canal.
Se sentó y miró el plato. Aquello tenía una pinta asquerosa. Peor aún. Era repugnante. Y olía fatal. Pero coño, se justificaba, tenía que intentarlo. L. M. cerró los ojos, se tapó la nariz y se llevó la cuchara a la boca. Si al comer caviar cagaba mierda, quizá al comer mierda cagaría caviar.
Lo sentimos, se excusó la dependienta de la casa de empeño, pero nuestro Departamento de Tasaciones ha desestimado su proposición. Lamentablemente, no podemos admitir su riñón, aunque tenga dos.
A mi me gusta que la lavadora lave. Apretar el botón y que se ponga en marcha. Y lo mismo me pasa con todos los electodomésticos. Bueno, en general, con todos los aparatos. Con el transbordador. O con el teletransporte. Están cuando tienen que estar. Imagínate que el microondas quisiera descongelar día sí día no. Yo no tengo nada contra los humanos, pero no metería uno en casa.
Se cayó la primera vez antes de cumplir un año. El día que empezó el colegió tuvo su caída 47, tropezó escaleras abajo. La caída 78 fue en un supermercado, embarazada tiró un lineal de latas de atún. La 83 fue camino del trabajo, metió el pie entre coche y andén. Por la 98 tuvo que ser operada de la cadera. Tras la 99, la encerraron en una residencia. Ahora, desde la ventana de su habitación sueña con su última caída.
Videoclip para Austrohúngaro. Basado, y algo más, en Le Ballon Rouge (1956) de Albert Lamorisse. Y sí, realizado por un menda. Ah, y para verlo mejor, yo bajaría el volumen. Del todo. Feliz Año Nuevo.
Se despertó y salió de la cama. Por el lado equivocado. Sí que se había movido, sí. Fue al baño. El interruptor estaba en la posición de encendido. Lo apagó y se encendió la luz. Abrió el grifo del agua caliente. Estaba duro. Ah, giraba del revés. Mientras salía el agua caliente, se miró en el espejo. Ahí estaba L. M. Un segundo. Frunció el ceño. Por un momento habría jurado que el lunar estaba en la mejilla equivocada.
Su mujer apretó aquel botón del friegaplatos, ese botón que no había presionado nunca. No había levantado el dedo cuando L. M. apagó la televisión, se levantó de la butaca, se acercó a la cocina y la besó. No volvió a pulsarlo jamás.
Jueves 3 de diciembre, 2009. Artrópodos se presenta en la librería Panta Rhei. Ese mismo día 90 años antes, Einstein presentaba la Teoría General de la Relatividad. Eso sí, espero por el bien de la física, que Albert no lo celebrara con el mismo entusiasmo etílico. Una entrada dedicada a todos los asistentes: espero que lo pasaseis igual de bien que L. M. Muchas gracias a todos.
Cuando L.M. tiene hambre de algo en particular, son las bacterias de su intestino, que necesitan comer eso. Cuando lo come, siente un cosquilleo: las mismas bacterias bailando. Cuando repite, son esas bacterias, que lo aclaman. Cuando se atraca, las bacterias sacan los pañuelos. Cuando tiene diarrea, las bacterias de su intestino hacen la ola.
He recibido una carta de mi mano izquierda. Reivindicativa. Está harta. Ella también quiere ser la que lleva la cuchara hasta mi boca. La que acelera en la moto. O la que se estrecha cuando saludo a alguien. Yo entiendo su postura. E incluso la apoyo. Pero voy a tener que silenciar su protesta, no vaya a ser que se entere la mano derecha y se ponga en huelga. Vista su letra, no quiero terminar comiendo la sopa con pajita.
Señorita Puri, rastreadora de tendencias y otras maravillas de la vida moderna, ha cazado dos magníficos ejemplares de Artrópodos. Y, generosa, los va a sortear entre sus lectores. Así, por la cara. Si quieres conseguir ese ejemplar que nunca encuentras en las tiendas, ahora es muy fácil: Visita www.senoritapuri.com y comenta. Si tu comentario resulta elegido, te llegará a casa un Artrópodos dedicado. Por un menda. Gracias.
0,23 segundos es lo que dura un parpadeo. Y, también, lo que se tarda en leer la mayoría de las entradas de 0,23. Bienvenidos a mi colección de cuentos breves. Gracias.